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domingo, 22 de enero de 2017

El Emperador, Mussolini y Hitler: crónica de la Verdad Imperial

El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo.
Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.

-Benito Mussolini, dictador terrano, M2.

¡Un Pueblo, un Imperio, un Guía!

-Adolf Hitler, dictador terrano, M2.

Nosotros somos los que tenemos razón. Ellos son los que están equivocados. Esta fe simple y pura es lo que debemos encargarnos de enseñarles. Nosotros tenemos razón. Ellos están equivocados. ¿Por qué? No porque nosotros lo digamos. ¡Porque sabemos que es así! No diremos «tengo razón y tú estás equivocado» debido a que los hemos vencido en combate. Debemos proclamarlo porque sabemos que es la verdad cabal. No podemos, no debemos y no promulgaremos esa idea por cualquier otro motivo que no sea que sabemos, sin un titubeo, sin una duda, sin un prejuicio, que es la verdad, y sobre esa verdad depositamos nuestra fe. Están equivocados. Su cultura estaba edificada sobre mentiras. Les hemos traído el aguzado filo de la verdad y los hemos iluminado. Sobre esa base, y esa base únicamente, salid de aquí y repetid nuestro mensaje.

-Kyril Sinderman, Iterador Principal de la 63ª Flota Expedicionaria, M31.


Estas tres citas bien podrían resumir todo lo que aquí se va a tratar, pero al mismo tiempo me sirven como excelente introducción al tema que quiero tratar: la Verdad Imperial. Esa misma Verdad Imperial que sentó las bases de la Gran Cruzada y en consecuencia de la Herejía de Horus. Una Verdad Imperial que, como veremos, tiene demasiadas similitudes con regímenes tales como el Fascismo, mas que con los ideales que promulgaba. Sin más me dispongo a ello; ¿Me acompañáis?

Tienes razón y conocimiento, sí, pero…

La Verdad Imperial nos dice que uno de sus pilares era la Razón, una Razón supuestamente pura y cristalina. Sin embargo, los hombres de Razón y Ciencia tenían prohibida una sola cosa: el desarrollo de Inteligencias Artificiales. ¿Cuál era el motivo? Oficialmente era una consecuencia de las varias rebeliones de las máquinas que propiciaron la Era de los Conflictos, cosa que el Emperador quería cortar de raíz. De hecho el procedimiento habitual, en el caso de encontrar culturas que las usasen, era su exterminio.

Las pruebas que sustentan esta tesis fatalista son evidentes, pero también puede verse desde este punto de vista: una I.A. completamente operativa tendría libre albedrío, puede dudar, pensar por sí misma y más allá de los esquemas establecidos para llegar a conclusiones inexploradas. El otro punto sería que la versión oficial sólo tiene un testigo: el propio Emperador. Él y solo él sabe o dice saber con veracidad qué ocurrió en esa época, y por tanto es el sustento de dicha afirmación. Y ni siquiera puede hablar de hechos de toda la galaxia; su marco de actuación hasta la Gran Cruzada fue Terra. Un planeta. De las culturas que usaron o usaban este tipo de tecnología no quedan restos que puedan rebatir esta historia, habida cuenta de las órdenes explícitas del Emperador.

En realidad, la Razón de la Verdad Imperial es enemiga de la Razón, personificada en este caso en las I.A. pero que podría aplicarse a la Libertad o la Elección. La Libertad nace de la Razón, pero no tiene por qué regirse por ella; la Elección es una consecuencia de la Libertad y la Razón, pero ciertas elecciones pueden basarse en baremos no nacidos de la Razón, o de la supuesta ausencia de Libertad. Así pues, ¿Cómo controlar conceptos tales como la Libertad o la Elección? Controlando la Razón. ¿Cómo controlar la Razón? Mediante la Propaganda.

La meta de la Propaganda es aumentar el apoyo (o el rechazo) a la Verdad Imperial, antes que presentarla simplemente en sus pros y sus contras. No es hablar de la Verdad, sino convencer a la gente: inclinar la opinión general, no informarla. Debido a esto, la información transmitida es a menudo presentada con una alta carga emocional, apelando comúnmente a la afectividad, y apela a argumentos emocionales más que racionales. Se articula a partir de un discurso persuasivo que busca la adhesión del otro a sus intereses. Aquí entran los Rememoradores e Iteradores, cuyo planteamiento consiste en proclamar una información (Verdad Imperial) y difundirla masivamente con la intención de apoyarla. Aunque el mensaje contenga información verdadera, es posible que sea incompleta, no contrastada y partidista, de forma que no presente un cuadro equilibrado de la Verdad en cuestión, que es contemplada siempre en forma asimétrica, subjetiva y emocional. En el caso del discurso pedagógico de los Rememoradores/Iteradores, éste presentaría a priori el problema desde diversos puntos de vista que permiten al receptor formarse un criterio propio. En cambio, la Propaganda les permite replegar a los objetivos de su mensaje a un solo punto de vista que tiende hacia el dogmatismo.

No es más que un modo de desinformación y censura, que usa la metodología de la retórica para convencer a los destinatarios de la misma. El término se desarrolló fundamentalmente en el siglo XX del M2 con la Sociología y la consolidación de la sociedad de masas. El ministro de propaganda de Adolf Hitler, Joseph Goebbels, utilizó estas técnicas y se apoderó de los medios de comunicación de masas para adoctrinar al pueblo con propaganda política. ¿Y qué fundamentos tiene la Propaganda para que resultase el instrumento ideal para la implantación de la Verdad Imperial? Estos:

  • Principio de simplificación y del enemigo único - Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo (I.A. por ejemplo).
  • Principio del método de contagio - Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada (Xenos, Mutantes, Psíquicos, Bárbaros, etc).
  • Principio de la transposición - Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan (Las I.A. provocaron la Era de los Conflictos).
  • Principio de la exageración y desfiguración - Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave (Supresión de Rememoradores demasiado díscolos dentro de su estructura).
  • Principio de la vulgarización - Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar (La Verdad Imperial ES, y punto).
  • Principio de orquestación - La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas (La Verdad Imperial se basa en la Razón, la Ciencia y la Iluminación, nada más).
  • Principio de renovación - Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones (Producciones de la Propaganda Rememoradora/Iteradora).
  • Principio de la verosimilitud - Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias (El Emperador lo ha visto todo y sabe todo, luego su Palabra es Verdad).
  • Principio de la silenciación - Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines (Purgas y exterminios de grupos o civilizaciones enteras).
  • Principio de la transfusión - Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas (La Fe, no en un Dios, sino en la Razón – Ciencia – Iluminación).
  • Principio de la unanimidad - Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad (La Verdad Imperial es tu Padre, tu Madre, tus Hijos, tu Mentor, Todo).

Para terminar este apartado y siguiendo con el símil diría que el fascismo (o la Verdad Imperial) en realidad rechazan la Verdadera Razón y adoptan posturas de desconfianza y exaltación de elementos irracionales de la conducta, los sentimientos intensos y el fanatismo. Cualquier idea emanada del jefe (Emperador) era un dogma indiscutible, y una directriz a seguir ciegamente, sin discusión ni poder ser sometida a análisis. El Fascismo/Verdad Imperial visten a la Razón de Propaganda para así encorsetarla y dominarla, dominando con ello a la Libertad, la Elección y todos los derivados de la Razón, creando las condiciones ideales para la sumisión de la raza humana a una visión no colectiva, sino la del Emperador.

El Emperador tiene un plan, pero no es uno inteligente

Bien, ya tenemos lista la Verdad Imperial; el Emperador tiene su ideología más o menos diseñada, fabricada y una galaxia para hacer de ella su dogma de fe. Pero, ¿Qué necesidad tenía el Emperador de una construcción tal y como es esta, si disponía de medios coercitivos como los Astartes y los Primarcas? ¿Por qué tanto esfuerzo en adoctrinar a las masas cuando puede infundirles la obediencia por el terror? Si nos atuviéramos a lo que la Verdad Imperial nos dice, es en beneficio de la raza humana, la cual es considerada la legítima dueña de la galaxia, galaxia en la que no tienen cabida otras especies por ser inferiores, incontrolables o difíciles de comprender. Como vemos, la Verdad Imperial sigue al pie de la letra el discurso fascista de la xenofobia y el racismo, apoyado por los principios de la Propaganda que ya hemos visto. Si ya habéis asistido a otras reuniones, sabréis que ahora es cuando desvelo que este argumento es la fachada de un plan más insidioso, cuyo autor intelectual y material es el Emperador de la Humanidad. No os decepcionaré.

El Emperador, ese ser que NACIÓ SIENDO según la versión oficial, consideró en sus primeros momentos de existencia que la Humanidad como tal debía ser guiada, pastoreada hacia la iluminación por él y sólo él, pues sus experiencias de autogobierno habían resultado calamitosas, mas tenía un pequeño gran inconveniente: el Caos. Cuan villano de una serie procedimental, el Caos siempre ha estado ahí para socavar y destruir aquello que le divierte, por capricho. Si el Emperador quería triunfar y llevarse el premio gordo debía encerrar en una habitación al Caos; ¿Cómo?

En primer lugar, dejando de lado su posición de observador, coger su Voluntad y pasar a la Acción (exactamente igual que en la ideología fascista (Voluntad y Acción priman sobre Razón). Siguiendo la versión oficial, este paso lo da en el peor momento de la raza humana, desgarrada por las guerras y la oscuridad. La realidad es que esperó a que las condiciones de los humanos de Terra fuesen las propicias para que su mensaje (Verdad Imperial) calara en las mentes y corazones de sus habitantes, al tiempo que eliminaba toda oposición física e intelectual (destrucción de iglesias y religiones, quemas de libros considerados “heréticos” o “malintencionados” y toda la parafernalia fascista). En la Verdad Imperial no hay cabida para los Antropólogos, los Sociólogos o cualquier persona que estudie las diferentes culturas humanas habidas o por descubrir o su pensamiento, pues sólo puede haber UNA cultura y UN pensamiento. Los medios de vigilancia de las masas son importantes pero secundarios en comparación a la Propaganda.

En segundo lugar, obteniendo los medios físicos, tales como Marines Espaciales – Primarcas – Astrópatas/Navegantes (seres que entran en contradicción con la Verdad pero considerados un “mal necesario”), para someter a todos los planetas que no adopten su mensaje de forma voluntaria. En Terra no contaba con todos los conocimientos necesarios, menos aún en Marte. Allí prohibió toda línea de pensamiento científico que cuestionase la Verdad Imperial, lo que naturalmente creó las condiciones para que Kelbor-Hal aceptase las sugerencias de Horus. Así que el Emperador hizo lo impensable: pactó con el Caos. Sumisión a cambio de Poder. El Emperador firmó, pero no estaba dispuesto a cumplir, y el Caos, que bebe de las emociones humanas, sabía de su traición y se limitó a esperar.

El objetivo final del Emperador, de haberse cumplido sus expectativas, sería el control absoluto de la Humanidad y el pensamiento humano, y en consecuencia de la Disformidad misma. Si controlas la Razón y las Emociones humanas, su pensamiento, su manera de ver la realidad, controlas su influjo en la Disformidad. La Disformidad no puede ser destruida, pero puede ser titeretada; no puede ignorarse, pero puede cegarse a plena vista.

Un plan brillante, pero víctima de su propio éxito. La Verdad Imperial fue demasiado eficaz, demasiado rápida, demasiado impactante. Creó un vacío espiritual en los seres humanos y post-humanos que oficialmente desdeñaba, pero que en el fondo era el paso previo para que la Verdad Imperial fuese la nueva Fe, la nueva Religión. Y toda religión necesita un Dios…

Lorgar destapa el coche, y el Emperador improvisa

Lorgar, primarca de los Portadores de la Palabra, había sido criado en Colchis, un mundo teocrático dominado por sacerdotes que rendían culto a los antiguos Dioses de lo que se conocía como la Vieja Fe. Lorgar había derribado la Vieja Fe en favor de una nueva religión llamada el Pacto de Colchis, que veía al Emperador como un Dios encarnado siguiendo las visiones sobre su futura venida que había tenido el Primarca en su juventud. Estas visiones, probablemente de origen psíquico, se cumplieron cuando el Emperador vino a Colchis a recuperar a su hijo perdido. Después de conocer finalmente a su padre, escribió el Lectio Divinitatus, que enseñaba que el Emperador era un Dios merecedor de adoración. El texto se extendió rápidamente por las Flotas Expedicionarias de la Gran Cruzada, y recibió más apoyos entre los civiles y el personal de apoyo de las Flotas y los mundos conquistados que entre los oficiales del Ejército Imperial y los Astartes, que creían más fuertemente en la Verdad Imperial debido a su cercanía al Emperador.

Y ahora os pregunto: ¿Cómo es posible que Lorgar llegara a semejante cuestión? Fé, visiones y Razón. Lorgar no dijo que el Emperador era un Dios por demagogia, o en busca de un beneficio personal; lo dijo porque, al final, su observación y su Razón le llevaron a la única conclusión lógica: que el ser que se encontraba ante él no era humano, como él mismo, pero iba más allá. El Lectio Divinitatus es la argumentación de esa conclusión, ante la cual la Verdad Imperial sólo podía prohibirla y censurarla. Lorgar y los Portadores de la Palabra iban convirtiendo a todos los planetas que conquistaban a su nueva fe. Este proceso les llevó a ser brutalmente humillados como fallos de la Gran Cruzada ante el propio Emperador en el mundo de Khur, donde habían logrado extender con éxito la fe en el Dios-Emperador. El Emperador ordenó a la Legión de los Ultramarines destruir la gran ciudad de Monarchia hasta reducirla a cenizas, donde se le había adorado abiertamente como a un dios, para después hacer a los Portadores arrodillarse ante él sobre las ruinas de su mayor logro.

Esta humillación destrozó a Lorgar, quien siempre había rechazado la Verdad Imperial, y creía de todo corazón que la fe religiosa era lo que de verdad hacía fuerte a la Humanidad frente a la adversidad. Si el Emperador rechazaba su adoración, no era digno de ella, y por tanto debía buscar seres verdaderamente divinos que merecieran culto. Así, inició una investigación para obtener datos sobre las religiones de todas las culturas humanas reconquistadas y encontrar un patrón común que identificase a esas verdaderas divinidades. Él mismo se internó, en lo que se conoció como el Peregrinaje de Lorgar, en el interior del Ojo del Terror, donde se le mostraron las ruinas de los reinos Eldars destruidos en su Caída. Al creer que tal debacle había ocurrido porque los Eldars no habían aceptado el don del Dios que habían creado, se entregó a la adoración a todo el panteón del Caos y se convirtió en un sirviente secreto de los Poderes Ruinosos, que temían el Orden que traía el Imperio consigo. El resto es historia.

Conclusiones

La Verdad Imperial fue muriendo poco a poco a medida que avanzaba la Herejía de Horus y fue olvidada aún más rápido por los hombres cuando esta acabó. Sin la influencia directora del Emperador y el cuerpo de propagandistas, la evidencia de sus contradicciones y su constante fracaso en la reafirmación de su deseo de establecer una cultura imperial basada en el racionalismo secular, la superstición y la religión volvieron a los corazones humanos. En el M2, los hombres “libres” destruyeron los regímenes fascistas y eliminaron casi por completo su lacra de las poblaciones “adoctrinadas”. ¿Era bueno el plan del Emperador? Tan bueno como su sabiduría, que a la vista de los resultados fue insuficiente. ¿Había posibilidades de triunfo para la Verdad Imperial? Su tiempo de vida fue corto y no contaba con grandes figuras propagandísticas o ideológicas que le dieran cuerpo. ¿Existe una Verdad? Tantas como seres humanos. Quizás el Emperador debió empezar por esta reflexión y construir sobre ese ladrillo.

Autor 

Adeptus Hispanus - Wikihammer 40k


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