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domingo, 12 de marzo de 2017

Conocimiento y Deber II

La Escuadra Primus de la Décima Compañía de los Martillos de Wikia con la compañía de su capitán, ha descendido a Tartenis Secundus...

1. El Santuario.
Capítulo 1.1: Sombras. 

- Detrás del altar hay una puerta abierta. - Confirmó Hakius señalando con un gesto de su escopeta. Ante la revelación del explorador de inmediato la Hermana de Batalla pasó a segundo plano y Raszak también se acercó a la obertura para encarar el bólter pesado hacía allí. Un protocolo habitual:

Si alguien pretendía sorprenderles desde ahí, encontraría primero una arma pesada apuntándole.

La Hermana de Batalla volvió a unir las manos en pose de rezo sin dejar de nombrar a Alfarius, mientras rostros graves la rodeaban indecisos.

- ¿Qué veis? - Torín no se acercó, vigilando de cerca a la mujer, más que dispuesto a poner fin a su vida con un movimiento de la espada sierra. Resultaba evidente que no era ella misma, y esa locura le resultaba impredecible.

- Es una puerta destartalada, rota. Un pasillo desciende hasta donde puedo ver, Señor. - Informó Hakius enfocando sus luces intentando divisar algo de interés. Polvo y paredes deslustradas, la marca de los siglos de abandono. - ¿Bajamos?

- Aún no. - Tras una pausa, Torín iba a agregar algo hasta que un gruñido grave procedente del capitán desvió la autoridad. Hel Vaal se recolocó el sombrero tras él, en un gesto innecesario y maniático.

- Thania, que vuelva un Speeder. Nos llevamos a la prisionera. Vosotros dos, haced guardia junto a esa puerta, tú vigila la entrada principal y espera el Land Speeder; El resto continuad el registro antes de que os patee vuestros culos de holgazanes: Aquí no hay nada más que ver.

Hel Vaal los dispersó con una amenaza velada con el puño y esperó a que la mujer terminara de formalizar la petición jugando con una petaca, era el único que no mostraba una actitud alerta aunque no dejaba mirar alrededor con expresión concentrada.

Thania agachó la cabeza hablándole al comunicador de su oreja, mientras los exploradores se movilizaban alrededor suyo como sombras.

- Escuadra Acma, el Capitán requiere una recogida. Sólo un Land Speeder. Corto. - Cuando la breve transmisión terminó la Hermana Médica Adjunta miró a su superior un poco confusa al darse cuenta de que esperaba algo más. - ¿Sí?

- ¿Como apotecaria crees que esa sororita puede reaccionar de forma hostil si la trasladamos?

- Creía que sólo era la Oficial de Comunicaciones. - Replicó ella con descaro, respondiendo rápidamente ante la seria fruncida de ceño del capitán, y sobretodo al tic de ira contenida que le hacía guiñar un poco el ojo derecho. - Parece haber sufrido algún tipo de shock grave, básicamente está así porque su cabeza no puede asimilar lo que ha visto, e interrumpirla puede provocar una respuesta violenta o desestabilizarla aún más. Lo único que sabremos con certeza es que es inestable e impredecible. Yo la sedaría y rezaría al Trono para que despierte cuerda.

El Capitán de la Décima asintió y volvió a la espalda de la sororita sin ninguna prisa derramando el contenido de la petaca en su propia palma. La agarró del cuello y antes de que reaccionara le tapó la nariz y la boca con la mano emponzoñada. Aunque se revolvió, la mujer cayó dormida y Hel Vaal la dejo caer hacia un lado sin ningún tipo de cuidado, con un mero empujón.

- Llevaosla. Thania, embarca con ella y examínala pero no os vayáis aún. Vamos a explorar ese pasillo y vamos abuscar a Porzak si es que está aquí, sino quizás haya algo más de su séquito. ¿Me habéis oído, exploradores? Escuadras de combate, preparados para incursión.

- ¿Informo a Romerae, Capitán?

- Aún no. - Un único tosido aclaró que Torin se oponía a aplazar el informe. El Sargento esperó pacientemente.

- Una cosa más. - Insistió Thania, duditativa. Finalmente suspiró y clavó con decisión los dos ojos azules, herencia de su ascendencia súrdica. - Es una Hermana de Batalla. Se supone que es imposible que su mente no pueda asimilar algo.

- Gracias Thania, haré como si no supiera eso ¡¿A qué estáis esperando?! MOVEOS. - Atajó Hel Vaal contando quién le quedaba para meterse en la cripta, y desvaneciéndose de nuevo su autoridad para desplazarse al líder real de la escuadra: Torín dio un pasó al frente hacia la entrada, chirriando el motor de la espada sierra al encenderse.

- Señor. - Llamó Epsilon, expresando con directa sencillez. - El auspex no revela nada, está roto.

Torin se lo arrebató para echar un vistazo. Al enfocar el nuevo pasillo nada apareció en la pantalla, al girarse y encararlo hacia el santuario las lecturas volvieron.

- ¿Qué demonios significa esto?

- Que está roto. - Desestimó Hel Vaal ajustándose el sombrero otra vez. - Sólo es un trasto, cuando tengamos que confiar más en eso que en nosotros solicitaré un hueco en la misión más suicida que tenga el Capítulo y me olvidaré de adiestrar guerreros dependientes de un botón ¿Está lista la Décima Compañía, Sargento?

Torin negó un cabeceo, de nuevo disconforme y devolvió el auspex al operador. - La Primus siempre está lista, Capitán. Exploradores ¡Adelante!

Tres aspirantes a astartes quedaron atrás, incluyendo a la Adjunta Thania, cuidando la entrada, la sororita y esperando la llegada del Land Speeder: El resto se introdujeron en el largo pasillo en fila de dos. Ninguno de ellos mostró temor ante la oscuridad y lo que pudiera albergar.

El pasadizo dejo de descender cuando otra puerta carcomida dio paso a una sala circular, amplía que mostró tres pasadizos más, coincidiendo con los puntos cardinales, con una estatua dominando el centro, de la cual ya sólo quedaba el pedestal y las piernas ruinosas de alguien indefinido.

- El estado de este lugar es pura ruina. - Comentó Torin al darle una patada a un trozo de roca desprendida del techo. Con gestos distribuyó la escuadra para chequear todas las puertas; Dos no habían soportado el paso de los años y mostraron más pasillos sin iluminar, pero la encarada al norte permanecía reciamente erguida y cerrada. Una puerta de bronce oxidada que resistió los empujones de Torin, no tenía ningún tipo de picaporte ni cerradura y sus grabados estaban demasiado gastados como para poder leerse.

Como no parecía que fuera a abrirse por arte de magia tras tantos años en desuso, decidieron continuar la exploración por dónde sí podían avanzar sin detenerse a trabajar con un soplete de plasma o unas cargas de demolición.

- ¿El auspex sigue sin dar señal?

- Sí Sargento, está mudo. - Respondió Epsilon con un bufido de hastío, moviéndose nerviosamente de un lado a otro buscando el característico pitido del radar portátil al encontrar formas de vida.

- Hmm... No creo que encontremos un nido de orkos aquí abajo. Capitán, yo dividiría la escuadra para cubrir ambos pasillos y explorarlos un poco, nos reuniremos aquí en un tiempo prudente.

- Yo también lo haría Torín. Adelante, llévese a Raszak en su escuadra de combate. Vamos, no hay motivo alguno para perder el tiempo.


Capítulo 1.2: El lado oeste.
Con la Primus separada, Torín explora su lado junto a Raszak, Calvex y Omono.

El aire era más fresco que en la capilla, curiosamente. El nuevo corredor parecía tener algún tipo de ventilación o, al menos, algunas fisuras en su pobre estructura que permitía el paso del aire. Torín olfateó cuando ya llevaban una treintena de pasos recorridos.

- ¿Qué huele tan mal?

El hedor llegó de súbito, intenso y desagradable. No había mucho que conjeturar sobre su origen, simplemente seguir andando entre adoquines polvorientos y paredes desprovistas de decoración.

Tras un recodo que rompió la linealidad absoluta que tenía el pasadizo hasta ese momento, una puerta podrida les flanqueo tras varios golpes de culata el paso a otra sala circular parecida a la que habían abandonado atrás.

En este caso, sí había una estatua... Al menos eso les pareció en el primer momento. Torín se quedo mirando a la figura humana que permanecía rígida sobre el pedestal mientras sus cuatro exploradores se colocaban junto a él revisando la sala e intentando no centrarse atónitos en la 'estatua'.

Era un cadáver que se mantenía en pie solamente porque una estaca le perforaba el pecho y lo sujetaba al pedestal; Vestía una túnica raída y cubierta de polvo que apenas insinuaba el rojo original de la tela, su piel donde estaba descubierta estaba arrugada y amarillenta, cuasi descarnado y con los huesos tremendamente marcados. Una capucha evitaba ver la mayor parte del cráneo del infeliz, y lo que podía verse estaba cubierto por las prótesis metálicas típicas del Adeptus Mechanicus. Dos vísores fríos y desconectados, en lugar de ojos, reflejaban la luz de las linternas.

No cabía duda de que era la fuente del olor. La carne podrida entremezclada con los aceites internos y sólo el Emperador sabrá qué tipo de productos químicos producía el molesto hedor.

Calvex avanzó hacía el cadáver y empezó a estirar la mano hacia la túnica. Torín le chistó entre dientes.

- Nadie mira debajo de la ropa de un Adepto. Sigamos adelante, Primus.

Respecto a la sala sólo tenía una puerta más, también derrumbada. Lo que antaño fue mobiliario ya sólo eran restos de escoria y madera podrida en los rincones.

- ¿Qué ha pasado aquí, en nombre del Emperador? - Murmuró Calvex asombrado por el desagradable hallazgo.

- Asunto del Arbites, sólo es un muerto. Huele mucho para estar tan seco... Tertius, sigamos, hay otra puerta. - Torín permitió que sus exploradores abrieran el paso mientras se rezagó un poco para transmitir. - ¿Capitán?

- Aquí Hel Vaal.

- Hemos encontrado el cadáver de un miembro del Mechanicus, en un pésimo estado de conservación. Parece de poco rango.

- Yo me he cruzado con dos servidores en un estado similar ¿Cuánto tiempo cree que puede estar ahí postrada una Hermana de Batalla?

- No infinitamente, y no tanto tiempo como para que sus compañeros se pudran. No puede estar todo relacionado con Porzak. Es más, Capitán, no tiene ni por qué estar aquí, quizás ya se haya ido del sistema o esté con el gobernador. Los inquisidores son volátiles e impredecibles.

- Te olvidas de locos. Sigamos investigando. Torín, tened cuidado, aquí se están poniendo nerviosos y empiezo a lamentar haber bajado. Hay... algo. Corto.

¿Algo? Torín suspiró y atendió a sus hombres, prosiguiendo la exploración.

En vez de meterse en otro pasadillo largo y podrido, en esta ocasión los hombres de Torin desembocaron tras una pequeña antesala en una amplía estancia repleta de muebles carcomidos mal distribuidos, estantes caídos con libros roídos y elementos esotéricos que no supieron reconocer, al menos sin un examen detallado ¿Un lugar destinado al estudio?

Los exploradores no se alejaron mucho de la entrada según alumbraban lentamente todo el lugar en un vano intento de identificar dónde habían entrado. Tres de las paredes estaban cubiertas totalmente de relieves y letras que no podían identificar, mediante una serie de frisos que las ocupaban en su totalidad. Las series mostraban escenas, seguramente historias del mismo contexto en un orden lógico, a las que había que poner gran atención para discernir algo dado el grado de deterioro de las mismas y lo recargadas que estaban.

La cuarta pared, la frontal, alojaba un órgano enorme en un estado sorprendentemente bueno; No había óxido, sólo una gruesa calva de polvo sobre el instrumento.

- ¿Qué cojones es este sitio? - Inquirió Omono, rompiendo su mutismo habitual, formulando en voz alta lo que todos estaban pensando.

- No hay más salidas. - Confirmó Torín, por lo que habían llegado al final. Se acercó a uno de los relieves para examinarlo con curiosidad apartando el polvo con la mano y tras darles un poco más de tiempo a los exploradores para esperar si encontraban algo interesante volvió a hablar. - Volvemos ya, este lugar no se irá a ninguna parte.

- ¿Y... eso?

- No tengo ni idea de por qué hay un órgano aquí ni por qué parece nuevo. Vamonos.

Allí había material que podría resultar interesante para el Capítulo, habría que volver y examinarlo con más atención y trasladar sus escritos a los traductores pertinentes, posiblemente en ellos encontrarían las respuestas inmediatas. O puede que fuera esa sala la que quería el inquisidor que descubrieran. La escuadra de combate volvió sobre sus pasos sólo para encontrarse una sorpresa mayor.

Volviendo a la sala del Adepto del Mechanicum empalado faltó ese mismo elemento: El Adepto. El cadáver empalado no estaba, de él sólo quedaba la sangre seca y la estaca doblada. No había ningún rastro por el suelo.

La tensión subió de repente, y el cuarteto avanzó alerta buscando por todas las esquinas, sombras y detalles que tenían a la vista avanzando nerviosamente, esperando una emboscada o encontrar con una respuesta qué explicara cómo podía desaparecer un cadáver en unos escasos minutos.

Torín inmediatamente comunicó con Hel Vaal, pero no encontró respuesta. Estática.

La desaparición del Adepto muerto alteraba en sobremanera a los exploradores, pero no fue nada comparado al hecho de que del pasillo que acababan de abandonar comenzara a llegar el sonido de una melodía de órgano. Un ritmo lento y de notas prolongadas que estuvo a punto de causar el pánico.

- ¡Allí no había nadie! - Exclamó uno. Calvex practicamente había dado un salto.
- ¡Volvamos! - Bramó Raszak girando totalmente sobre si mismo para encarar el bólter pesado, golpeando a Torín en el proceso..

Torín acalló cualquier comentario más rudamente y se preparó para insistirle al capitán Hel Vaal, cuando éste llamó primero. El capitán estaba alterado, palpable sencillamente por la respiración. Notó una intensa interferencia en la comunicación interna de la escuadra.

- ¿Torín?

- Sí, capitán. Hemos...

- ¡SAQUE A SUS CHICOS DE AQUÍ AHORA MISMO, QUIERO A TODOS LOS MARTILLOS DE WIKIA FUERA DE ESTE PUTO SÓTANO YA!



lunes, 13 de febrero de 2017

Conocimiento y Deber I

Nota del Autor: Conocimiento y Deber fue una pequeña saga de las primeras que hice para 'decorar' y dar fondo a los Martillos de Wikia, y retratar algunos de sus personajes. Lo he actualizado, son diez partes pequeñas y ligeras más centrados en una suerte de intriga policíaca en el universo 40.000. 

He de resumir e ir bastante directo por la autoexigencia de acortar ciertas escenas y elementos, confío en que quede claro... Lo que no se entendiera, será porque viene más tarde.

En las estancias interiores de la Inquisición en el sector Madrek...

La sierva inclinó la cabeza cuando la figura entró en el simple habitáculo, un espacio de piedra pulida, oscura, con el símbolo del Ordo Xenos como único punto de color; una celda con un cogitador.

- Está todo listo, Inquisidor. La placa de datos está en su lugar y un Tecnosacerdote ha bendecido el cogitador.

- Gracias, Anna. Lo haré solo -el inquisidor despidió con un ademán suave a su ayudante y se emplazó en el cogitador preparado para comenzar a desentrañar los misterios de los acontecimientos acontecidos el año anterior en Tartenis.


++++++++++ Identificado. Bienvenido, Lord Shidokus. ++++++++++ 
++++++++++ Autorización confirmada. Clave malva. ++++++++++ 
++++++++++ Transmisión perteneciente al Adeptus Astartes localizada. ++++++++++ 
++++++++++ Código de identificación HAS.134 A-671 ++++++++++ 
++++++++++ Decodificando. ++++++++++
++++++++++ Transmisión. Recepción: Crucero Palabra de Nyumba. ++++++++++
++++++++++ Reproduciendo... ++++++++++


+++++++++++++++++++++++++++ El Emperador Protege. +++++++++++++++++++++++++++


1. Prólogo:
1.1. Transmisión desde Tartenis Primaris:

El sector Tartenis es una región apartada mortificada por constantes lluvias de meteoritos, una casualidad cósmica que ha azotado sus siete planetas desde que la humanidad tiene uso de memoria en aquellas estrellas. A pesar de la antigua tecnología y los milagros del Mechanicus por reducir los estragos que los meteoritos pueden llegar a causar, aproximadamente una vez por siglo los recios habitantes se ven obligados a reconstruir parte de sus mundos superando poderosas mareas y súbitos cambios atmosféricos causados por una gran colisión de estas características.

Por ello, su sociedad ha crecido siempre en contra de la adversidad y se ha acostumbrado a vivir en el subsuelo de un mundo árido, cuya corteza destrozada ha dejado un regusto tóxico tras milenios de factorías y desgracias.

Durante una visita del Ordo Hereticus en Tartenis el Inquisidor Porzak ha descubierto una cripta que puede resultar de interés para el Capítulo de los Martillos de Wikia. En agradecimiento a su buen proceder en cooperaciones anteriores, Lord Porzak ha pedido que su mensaje les llegue lo más rápido posible aprovechando la ruta próxima del Crucero de Asalto Palabra de Nyumba.

Tartenis Secundus estará esperándoles con nuevas noticias...

1.2. Ángeles de la Muerte:

La placa de datos con el logo inquistorial en holográfico relieve por encima del mensaje inscrito, según lo dictado por el Astrópata, se deslizó por la pulida mesa de metal hasta llegar a la mano del otro Capitán. Seis Martillos de Wikia estaban reunidos para discutir el proceder a seguir tras un mensaje directo de la Inquisición, una llamada que no podían ignorar. Dos Capitanes y hombres de confianza, además del capitán de la astronave con su lugarteniente más fiel.

No era la autoridad de la Sagrada Inquisición lo que los iba a mover. Era la codicia, el afán por desenterrar un nuevo descubrimiento, fácil de leer en los ojos expectantes de todos los presentes.

- Capitán Bael, desvíenos de ruta cuando termine la escala. La Décima Compañía querrá examinar esa cripta sin esperar primero la llegada a Nyumba -comenzó Romerae, Capitán de la Cuarta Compañía, con un suspiro quedo tras releer por encima la placa de datos y adelantándose a la exposición de su colega.

- Será provechoso y podremos hablar con Porzak. Los Inquisidores siempre saben... cosas interesantes -asintió Hel Vaal, contento por no tener que tomar la iniciativa. El Capitán Instructor se recolocó su excéntrico sombrero y continuó mientras comenzaba a darse la vuelta para apartarse de la mesa, desinteresado sobre el resto de deliberaciones-. Hermanos, no quiero implicar a más Compañías que la Décima en esto. Nos servirá de instrucción.

Y así empezó todo.

1.3. El santuario de Tartenis II:

El escuadrón de Land Speeders mantenía la formación eludiendo las grandes estructuras con eficacia. El trío de deslizadores avanzó con elegancia entre las enormes y oscuras chimeneas se asemejaban a mastodónticos dedos que intentaban arañar el cielo, un cielo empobrecido por los residuos que ellas mismas continuamente expulsaban. En los niveles inferiores de la colmena, un extenso y antiguo recinto de fábricas y forjas menores arañaba la corteza terrestre. Allí hacía milenios que no se veía con claridad el sol, y la luminosidad de los ruidosos motores de los Land Speeders sería lo más parecido a las estrellas que sus habitantes verían en el resto de sus vacías vidas.

La pobredumbre del ambiente les fue útil a los Marines Espaciales para no llamar la atención. No es que fuera necesario estrictamente, además de que el Gobernador planetario y sus representantes locales estaban al corriente de sus operaciones (administraciones que no siempre eran informadas), pero siempre era preferible no llamar la atención del Adeptus Arbites y otras fuerzas que los consideraran intrusos.

- ¿No se pone la máscara, Capitán? El Capítulo preferiría que a nuestra vuelta no necesitásemos un Apotecario.

- Tonterías -gruñó Hel Vaal en respuesta. Sin embargo, hizo caso al Sargento Torin y se colocó la máscara de gas, realmente excesiva para la operación: sus cuerpos mejorados tolerarían bien un ambiente como aquel, pero que resultaba útil para la instrucción. Un simulacro para una situación futura, dado que los pulmones mejorados de un Astartes poco debían de temer de un ambiente viciado y contaminado como aquel.

Hel Vaal aprovechó una misión sencilla para practicar con los nuevos reclutas, una escuadra dispersa entre los tres Land Speeders. Necesitaban experiencia de campo, aunque sólo fuera un paseo. Les vería bajo presión: que él estuviera allí podía ser suficiente para forzar algún error, en vez de los más bondadosos cuidados del Sargento Torin.

- ¿Auxiliar médico, me oye? -el ruido de los motores y la velocidad complicaba la comunicación, la única forma de hablar con los tripulantes de los otros Land Speeders era a través de la intercomunicación de la escuadra y ése era el método que estaba usando el Capitán. Thania respondió ipso facto.

- Sí, Capitán. ¿Algo va mal?

- No, ¿por qué pregunta eso?

- Nadie reclama un Apotecario cuando todo va bien.

- Hoy no te necesito de oficial médico. Ahora eres la encargada de las comunicaciones y te usaré como tal. Contacta con el Palabra de Nyumba e informa al Capitán Romerae de que estamos en posición y comenzamos el desembarco -Hel Vaal se aferró el sombrero con fuerza cuando se removió y expuso al viento para alcanzar con la mano el hombro del piloto e indicarle con un simple gesto que descendiera-. ¡Recordad que ninguna escuadra actúa sola! El Palabra supervisa nuestra operación y nos ofrecerá apoyo si lo necesitamos. Siempre habrá un hermano preparado para ayudarles cuando lo necesiten... Pero si los llamamos sin necesidad, desperdiciaréis recursos que el Imperio no puede permitirse desviar en balde. ¡Preparados para desembarcar!

Thania estaba confundida por el cambio de responsabilidad, pero no tardó en cumplir con su tarea aferrándose fuertemente a las sujecciones en lo más profundo del Speeder, anclada para que el pesado equipo de medicae auxiliar no la pusiera en peligro. El viaje no era cómodo ni para los Exploradores más ligeros, pues los Land Speeders daban bandazos continuamente y los cambios de ritmo y dirección eran bruscos y sin previo aviso.

- Aquí la Escuadra de Exploradores Primus llamando a Palabra de Nyumba, informando a Capitán Romerae. Estamos en punto Alfa y procedemos a cumplir con nuestro deber. Cambio.

- Confirmado. Suerte. Cambio y corto -respondió el Capitán Romerae directamente, en vez del oficial de comunicaciones, lacónico desde la órbita. Desde el strategium de la nave la operación no eran más que tres triángulos sobre un plano holográfico de la ciudad. Una runa señalaba el punto donde iban a aterrizar, hacia donde los triángulos se aproximaban rápidamente en formación.

La zona de aterrizaje era un barrio podrido y viejo de la colmena, prácticamente abandonado donde ya sólo habitaban ratas y desechos humanos. Sus fachadas gastadas y semiderruidas eran un simple recordatorio de tiempos mejores. Allí no había nada que los Martillos de Wikia pudieran temer, pero seguía siendo un ejercicio:

- ¡Vamos! ¡Abajo todo el mundo! ¡Raszak, encara el bólter pesado hacia la arcada! ¡Sargento, asegure esto con una escuadra de combate! 

Los tres Land Speeders tomaron tierra en los suburbios. De dos de ellos bajaron apresuradamente los diez miembros de la escuadra Primus desplegándose en un empedrado irregular que predecía un regio edificio dedicado como santuario al Emperador, una antigüedad abandonada que había llamado la atención a los Martillos de Wikia gracias al aviso del Inquisidor Porzak.

- Quedaos cerca, hermanos -pidió por último el Capitán al piloto del Land Speeder antes de bajar de un salto. Hel Vaal tomoóierra sin descolgar el bólter de su correa, tirando de la capa para cubrirse con ella y hacer que dejara de ondear salvajemente por los motores de las máquinas. Echó un vistazo alrededor mientras Torin y cuatro Exploradores se dispersaban para asegurarse de que no había nadie por las calles circunstantes, mientras el resto aseguraba la entrada de la iglesia. La hora nocturna y el toque de queda prometían que no habría ningún curioso, aunque en aquel barrio no había una autoridad real desde hacía decenas de años. Era territorio de matones y bandas, la típica chusma de las subcolmenas.

Una gran puerta de bronce, doble y cerrada, daba paso al santuario. El óxido, la suciedad y las marcas de desgaste y daños diversos estropeaban lo que podía haber sido belleza. El águila bicéfala del Imperio estaba grabada entre las dos hojas, con una de las cabezas destrozada, y la fachada había estado decorada con exquisitas figuras y estatuas ahora perdidas o demasiado erosionadas por la lluvia del subclima y el propio paso del tiempo. Cristaleras oscuras cubiertas de polvo, rotas en gran cantidad de puntos, remataban el aspecto tétrico y vetusto del santuario.

- Está despejado, Capitán -informó Calvex tras el breve registro de la plaza.

- Nuestro contacto debe estar dentro. Entremos de una vez -una vez reunida la escuadra a un grito de Torin sin necesidad de un aviso del Capitán, Vaal simplemente pidió con un gesto al recluta Hakius que empujara la puerta doble, y esta se abrió con facilidad dándoles paso a un interior húmedo y, aún más que el exterior, viciado y pobremente iluminado por los haces de luz que se colaban por los pequeños ventanales.

La Primus se desplegó lentamente bajo la claridad de las linternas instaladas en el pectoral, en los cascos o añadidas a las armas por una recepción cubierta de polvo que, tras una doble arcada, dio paso a la nave principal del santuario. Bancos carcomidos distribuidos en torno a figuras religiosas del Emperador y algunos de sus Santos, más vidrieras, cuadros y estatuas completaban la escena, siempre con ese marco de desgaste y antigüedad que se sumaba a una pésima conservación.

Dos escaleras daban acceso a un segundo piso, y una raída alfombra conducía directamente al único punto de luz del lugar, el altar principal cubierto de velas encendidas con una corpulenta figura arrodillada ante él, de espaldas a los recién llegados.

- Quiero un barrido de auspex -pidió Torin arrugando la nariz en gesto de desconfianza. Su Capitán señaló a quien quiera que estuviera allí y con simples gestos, metódicos y entrenados, distribuyó a la escuadra por la amplia sala en dirección a ella. Todos avanzaron al unísono en un amplio abanico, sobrepasando los bancos y columnas.

- No hay nadie más -confirmó el responsable del auspex, Épsilon, en un murmullo quedo.

- ¡IDENTIFÍQUESE! - Bramó a continuación Torin sin levantar la pistola bólter, sujetando con fuerza el hacha de energía. No hubo respuesta y los Exploradores continuaron acercándose despacio.

Un destello metálico indicó que Hel Vaal había desplegado la cuchilla relámpago de su mano derecha, oculta tras el guantelete.

 - ¡Es una Sororita! -exclamó Thania cuando vio con claridad la servoarmadura con numerosos motivos de las Hermanas de Batalla. El color celeste, que debía haber sido brillante y luminoso, estaba oscurecido en casi toda la armadura, sucia, como si también formara parte del deterioro general del santuario.

La Hermana siguió sin responder, reclinada hacia el altar sin dejar de repetir unos murmullos que se perdían en la distancia. Su pose y su tono incitaba a pensar en un rezo inalterable, un mantra repetido una y otra vez. Cuando llegaron a ella tampoco se inmutó, y aunque no parecía un enemigo el Sargento no permitió que bajaran la guardia, con una tosca mirada de amenaza al resto.

- ¿Me oye? ¿Me ve? - Torin se inclinó sobre ella cogiéndola del hombro reclamando su atención. Dos ojos vacíos y fébriles se dirigieron hacia él, la mujer tenía el pelo alterado, el rostro demacrado y los labios morados. No pareció reparar en la presencia de nadie, a pesar del tirón. No paró de repetir la misma palabra una y otra vez.

Cuando la entendió, Torin palideció y buscó rápidamente con la mirada al Capitán de la Décima retrocediendo, permitiéndole seguir con su "rezo" de cara al altar.

- ¿Qué está diciendo? -preguntó ceñudo Hel Vaal.

- "Alpharius" -respondió el nervioso Sargento.